martes, 17 de junio de 2008

Mercado de fichajes.

Las rupturas de pareja mantienen un paralelismo asombroso con el mercado de fichajes futbolístico. Supongo que todas las mujeres (y algunos hombres) que estén leyendo esto, habrán pensado o pronunciado: menudo idiota (o menuda idiotez, que para el caso, hablan igual de mal del autor, un servidor). Trataré de ser claro para que se me entienda.
Hay veces en las que nuestro jugador estrella decide marcharse a otro equipo porque este sea mejor o porque le ofrecen más (no se equivoquen y lo extiendan a la vida real, pero en este símil, el dinero simbolizará la felicidad y el cariño). En ocasiones nos conformamos con un jugador mediocre porque no encontramos mejor, o peor aun, porque no podemos permitírnoslo. También puede suceder que algún jugador se niegue a marcharse, a pesar de llevar mucho tiempo con el cartel de transferible al cuello, ya sea por considerar que aun puede cumplir con las expectativas que había generado, o bien por pura comodidad.
Hay ocasiones en las que el anteriormente mencionado jugador estrella se estanca, pierde las ganas de luchar, deja de rendir durante demasiado tiempo. En estos casos se arriesga demasiado. Nunca se puede saber si aun puede recuperarse y volver a ser el que algún día fue, así que si lo mantenemos en nuestras filas y no mejora, la afición y los compañeros acabarán por detestarlo. En cambio, si se le deja marchar, puede ocurrir que renazca, y acabamos lamentándonos durante mucho tiempo por no haberle dado una segunda oportunidad. Siempre llega el día en que encendemos el televisor y al verlo pensamos que sus triunfos deberían haber llegado con nosotros.
Igualmente frecuente es otro caso: que el jugador al que adoramos pida el traspaso y seamos nosotros quienes le obliguemos a quedarse, consiguiendo únicamente que acabe por pudrirse y volverse mediocre, pero eso sí, a nuestro lado.

1 comentario:

Sunion30 dijo...

..una buena forma de hablar del capitalismo del amor y otras formas de gobierno. Me gustó el símil.

Lástima que siempre medien esos contratos sin palabras entre dos personas.

Un saludo,J.