lunes, 15 de febrero de 2010

Liberarse

Llevo días pensando que quiero escribir. Que necesito escribir. Y sin embargo, ante el papel, las palabras se alborotan, se amontonan, se acumulan bloqueando su salida. Quiero escribir historias que hace tiempo me persiguen, pero ellas son más fuertes. El juego de atormentarme las entretiene tanto que mis energías no son suficientes para encadenarlas a un papel y así olvidarlas.
Desearía hablar de ese abuelo moribundo, de las ambulancias, de los tulipanes y su ironía, de postales recibidas desde lugares inapreciables, de ella, del final y del principio. Del silencio. De las palabras. De los ciclos. Pero mientras tanto, el papel sigue blanco. Semanas de papeles blancos.
Tanto presumir de conocerme y en realidad tan ajeno de mí. Tan olvidadizo. Las historias me abandonan cuando se acumulan en los cuadernos, en hojas binarias, y entonces, es sólo a los demás a quienes importunan. Tanto tiempo para vislumbrar lo evidente. Este sentimiento de agonía, esta desidia, sólo puede alejarse de mí yendo siempre conmigo. En el ordenador, en la mochila.
Para volver a escribir debo escribir esta sensación que me impide escribir.

1 comentario:

Michy dijo...

(...)

Se hace el silencio. La punta del bolígrafo baila de un extremo al otro del papel, pero no consigue hilar algo coherente. Las pocas palabras que espurrea son fruto de los versos que salen de la boca del artista de turno, de la canción de turno. No hay manera.

Me toco el pelo, me pellizco la mejilla, elevo mi mirada hacia el techo de la habitación y clavo las pupilas en las luces de la lámpara. De pronto, me ciegan.
No hay manera.

Rebusco dentro de mi mente algo con lo que empezar a decir todo esto que siento. Siento tanto, que ante la aborágine tan grande de sentimientos, me quedo absorta. No sé por dónde empezar, no sé que es lo más importante. Escribo una palabra.

Yo

Pero, ¿por qué empiezo por Yo y no empiezo por Tú, que es a quien dirijo la carta? La borro con típex y vuelvo a empezar.



Pero, ¿por qué empiezo a hablar de tí si lo que me he propuesto hacer es desahogarme? Vuelvo a empezar.

Tu, Yo... "Tu... Yu"... Para tí...

Es una buena frase para empezar porque condensa mis intenciones. Escribir para tí sobre mí. Vuelvo a esgrimir el bolígrafo entre los dedos y le doy vueltas. Sigue sin venirme la musa de la inspiración a la cabeza. Sé que te quiero escribir a tí sobre mí pero no sé cómo poner en palabras lo que siento.

Sé que no te puedo tranmitir la sensación de opresión en el pecho, de vacío carnal, espiritual, de lágrimas en los ojos corriendo por mis mejillas. Sé que no puedo, y como no puedo, no soy capaz de imprimir en tinta este monólogo. Esta monografía. Este mono-.

Se han pasado los horas volando y el papel sigue intacto. Inmaculado, sólo violado por las dos únicas palabras que he logrado expresar.

Para tí-